La chica del anden de enfrente

Ya solo en el cuarto de estar. Los libros que he leído hasta ahora no me han hablado de Rogelio. A mi hermano y a mi madre parecía no interesarles mucho. Cuando quiero darme cuenta. La verdad es que presto poca atención a mi padre. Pero a lo que iba. Fui yo mismo el que se encargó de rellenar el papel y mandarlo por correo. Normalmente no me cuesta. Ya no viene a ver la tele al sillón después de cenar.

Son historias que he inventado a partir de una mirada. Aunque no me disgustaba. Yolanda Martínez. Catalogar de amor esto ha sido una osadía. Apago la televisión y me dirijo a la sala donde tenemos el ordenador. El ventilador interno se pone en marcha con su constante zumbido y la pantalla se enciende entre un chisporroteo eléctrico. Doy vueltas y vueltas al asunto para terminar siempre en el punto de partida pero con la incomprensión elevada al cuadrado. Se ríe bastante menos. Me levanto de la silla y doy la vuelta. He oído tantas cosas de la red.

Me lanzo al teclado y escribo: Se me ha olvidado enchufar el módem a la línea telefónica. De nuevo me siento frente a la pantalla. Espero un rato. Se oye un sonido desagradable. Me aparecen trescientas y pico direcciones posibles. Como de momento no pienso complicarme la vida. Primero aparece un letrero de colorines que te da la bienvenida. De nuevo encaro el ordenador. Ya he leído cómo funcionan los buscadores. Desfilan veloces nombres y frases. Había quedado hoy con ella … Tete sale del canal … Giorgio: Mejor vamos a un privado … Rambo: Pero Croquet.

Pero por una que leo. Al cabo de unos segundos cesa. Después de aceptar unas condiciones de conducta y unas instrucciones que ni siquiera he leído. Ya estoy dentro. Parezco un patoso. De repente noto una sensación extraña.

XIII CONCURSO LITERARIO BACHILLER DIEGO SÁNCHEZ

Entro en el canal de la amistad. Insultos y declaraciones de amor.

Gloria Trevi "La Acera De Enfrente"

Don Quijote. Por mis iniciales: Me llaman perchas por… mejor dejémoslo. De todas maneas. En ella hay sitio para sentimentales. Gente que entra y gente que sale. A mí no me dan miedo los conejos … Ultra: Iros todos a tomar po'l culo … Kiko sale del canal … Arrobado: Porque estoy rrobado … Utopía: Ésta es mi oportunidad. Después de dar mil vueltas. Yo juro que no quería.

Finalmente la ventana desaparece. Esto es un caos. En una libreta tengo apuntada la dirección de un buscador que dicen que es bastante bueno. Permanezco parado. Utopía pregunta si hay alguien. Cuando al fin termino de configurarlo. Reconozco mi absoluta falta de originalidad justo cuando doy al enter.

Ahora tengo que escribir el tema. Esto es algo muy curioso. Siento algo como muy grande dentro de mí. Nos reímos bastante —o al menos yo me río y la imagino a ella riendo— cuando le digo que he entrado al canal de amistad por. Ya voy cogiendo experiencia y me da tiempo a leer frases mientras espero la respuesta. Estamos solos y ahora sólo aparece lo que nosotros decimos. No quieren cambiar impresiones con nadie.

Al momento caigo en la cuenta de mi error. Hablamos de vaguedades. A mi nombre ni caso. Al poco me responde que también es su primera vez.


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Utopía entra en el canal. Sin embargo la magia llega cuando entras en contacto con alguien y del absoluto desorden todo pasa a tener sentido. No puedo creer que una frase en una pantalla sea capaz de ruborizarme. Por ahí. El Ego y la Utopía son el agua y el fuego. Ego entra en el canal. Me doy vergüenza.

Puede que aparezca su mensaje justo cuando me levanto y pase sin que lo lea. Debo de estar medio loco. Es una sensación tan inquietante como placentera.

Reseña “La chica del andén de enfrente”- Jorge Gómez Soto.

Nadie se puede dar por aludido con mis palabras. Aunque sea mentira y quien se esconde bajo el nombre de Utopía sea un tipo con ganas de reírse de alguien. Le acompaña hasta la puerta. Buscar Jane … Utopía: De Madrid. Aquí un navegante tratando de mantener a flote una embarcación formada por ceros y unos. Se despiden con un murmullo. Ir a un privado me suena como ir a los sillones oscuros de una discoteca. Un escalofrío toma impulso en mi estómago y llega de un salto hasta la coronilla.

En esto se abre la puerta de la consulta y Rogelio y mi madre atraviesan el pasillo. Mi madre. No puede ser real. Me indica lo que tengo que teclear y ambos entramos a un canal privado. Me estoy poniendo rojo. Encaro el espejo y me veo muy lejos. Sé que era francesa. Vamos a ver. Vamos a ver si me acuerdo de ella. Doy media vuelta y me asomo por un lateral del colchón. Juraría que ni me ha visto. Deben de ser alrededor de las once. A partir de ahí no recuerdo nada.

Pero aparte de estos dos detalles imprecisos. Y también recuerdo que tenía un nombre de medicina. Sin embargo. En el anuncio dicen que el dolor de cabeza desaparece en cinco minutos. Cuando entro en la ducha lo del barco ya es casi real. Cuando intento ponerle una cara. Es otra de sus especialidades. Lo curioso es que no es la típica sonrisa de superioridad con que habitualmente me muestra su repulsa.

Es de día. En concreto. Me levanto de la cama y voy directamente al cuarto de baño. Me quedo mirando el techo. Doy otra media vuelta y me coloco de nuevo mirando al techo. Todo se mueve a mi alrededor. Echo el pestillo. Ya estoy tumbado en la bañera y me quedo traspuesto. Salgo del cuarto de baño con la toalla enrollada a la cintura y. Ni un chavo. No hoy. Lo extraño es que mi hermano no haya puesto la radio a todo volumen para fastidiar mi sueño. Estoy quieto. Ya directamente no existo. Me siento en la bañera. De todas maneras la voy a llamar. Vuelvo a mi cuarto y me recuesto en la cama.

Si oigo a mi madre cantar una canción de amor en la ducha es que estoy en mi casa. En éstas entra mi madre y se sienta en la cama. Un año para mí. La verdad es que estoy acostumbrado a triunfar con las chicas. Así todo funciona mejor y evitamos preocupaciones innecesarias. Es normal que trate de no mostrar interés. Que la facultad que escoja sea sin lugar a dudas aquella en la que menos haya que estudiar. Lo cual prueba que. Pese a que habla con aparente indiferencia. Ni se ha inmutado el tío. Estoy preguntando a todos los universitarios que conozco.

Me incorporo de la cama y me visto: Cualquiera diría que es un aficionado incondicional del tenis. Mi padre niega con la cabeza y trata de disimular la sonrisa. De todas formas no me pueden echar en cara que no me preocupe. De momento nuestros padres nos dejan libertad en ese aspecto.

Si lo hubiese planeado. Necesito que mi hermano se entere de que me he ligado a una francesa. Para ser sincero. Yo lo he notado desde la primera vez que les conté que la noche anterior había pillado. Me lo ha puesto a huevo. Mi madre rompe a reír y me da un beso en la mejilla. Pero ahora no me inquieta. Quiero humillarle. A mi hermano se le va la olla muchas veces. Se puede tirar horas sin hacer nada.

Estos días. Entonces mismo sitio. Por decirlo de alguna manera. Hoy es el primer día de la semana que salgo de clase sin pensar al cien por cien en Utopía. Como si estuviese escrito en el cielo. Han pasado cinco días y vaya donde vaya. Utopía sale del canal. No lo olvides. Mi madre dice que me estaban esperando y me muestra con una mano el lugar del sillón donde tengo que sentarme. Entro en casa con la cara de cordero degollado con que afronto las regañinas. Busco dobles. Cualquiera diría que te tiras todas las tardes estudiando. Inconvenientes de volver en metro.

Y créanme que no es. Sólo a ratos. De vez en cuando trato de frenarme. Me da vergüenza incluso pensarlo. La tutora les había dicho que de seguir así. Tras unos momentos de confusión. Es algo tan absurdo como fascinante. Es bueno desconectar un rato. Sólo he hablado una hora con una desconocida y llevo cinco días como un vegetal. Que mis padres han tenido una reunión con la tutora y estoy nervioso por lo que les pueda haber dicho.

Debe de llevar veinte minutos allí. De acuerdo. En este momento. No puede parar quieto. Perdonen que se lo diga a ustedes. Tampoco ha sido para tanto. Miguel cree que le tengo manía. Ya digo que no sé el nombre del autor. Mi hermano ya no sabe dónde meterse. Yo calculo que en lo que llevamos de curso. Valdosux y el Cabeza me han puesto mote. Él va a lo suyo. Camino por la calle como si mis piernas fuesen un vehículo ajeno a mí que se moviese por su propia voluntad.

A Eduardo. La verdad es que si no se pareciesen tanto físicamente. Si el uno se pasa por un lado. No sé quién es el autor. Me asusto de todo lo que he andado en un suspiro y decido volver por la calle principal. Antes de salir por el portal ya he desconectado. Si mostrase una décima parte de ese interés por el resto de asignaturas. Es su ojito derecho. Y luego le preguntas algo y te mira con fastidio. A veces llego a pensar que tiene un nivel altísimo. Pero pasa completamente de todo.

Esa pelota de papel que cruza la clase por el aire. Mira que no decirnos que venías. Y nos seguimos queriendo a pesar de la distancia. Se ha acercado a ellos con los brazos abiertos. He escuchado ya tres gritos de llamada y levanto la vista. Ya sabe al menos su nombre. En este punto se cruzan conmigo. Así que cuando la mujer lo ha hablado todo. Hasta dos años después de tenerte a ti. Seguro que no es para mí. Cuando avivo el paso para hincarme de rodillas ante el coche. Me giro. Entonces… De pronto. Este hombre con pinta de ejecutivo es en realidad un timador especializado en el famoso Timo del Tío.

La curiosidad va ganando terreno a la cautela. Y con todo el morro del mundo se ha abrazado a ellos.

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Comencemos por aquel hombre trajeado y sonriente que camina junto a un anciano matrimonio en el que la mujer no para de hablar. Se acaba de dar cuenta de que siente añoranza de esa vida que le cuentan que ha tenido. Definitivamente el mundo se ha vuelto loco. Mientras me acerco voy descubriendo algo que mi cabeza no me deja creer. Nos querías dar una sorpresa. Camino convencido de que es una confusión. Por la ventanilla trasera asoman unos brazos que se agitan y una cara que mira hacia mí. En un primer arranque.. Trato de engancharme a la tierra con una de mis actividades favoritas.

Un rato antes se ha hecho el encontradizo con la inocente pareja. La vieja entonces se pone a largar. Éste va a ser Felisín. Ambos murmuran posibilidades hasta que la mujer. Ya me contó Felisa que te colocaste muy bien. Le miro la cara cuando me lo cruzo y no hay duda. Yo les digo que igual voy acompañado. Si me hubiesen preguntado ese mismo día. Un silencio largo. Miguel Las cosas se han calmado en casa después de que el miércoles mis padres fuesen a hablar con la tutora.

La inseguridad es de cobardes. Utopía y la presentadora. Si encima voy a tener suerte y me lo va a coger ella directamente. Lo primero que tengo que decidir es si quedo con los amigos. Yo le digo que iré con un periódico debajo del brazo y una rosa en la solapa para que me reconozca y. A falta de alguien que me dé una torta. Una historia de amor que traspasa pantallas. No acabo de espabilar. Casi mejor colgamos. Llamo a un par de amigos. Quedamos en el kilómetro cero a propuesta mía.

No me puedes dejar así. Llego a casa sin saber ya dónde estoy. Yolanda me dice que es una chica de estatura normal. Si es un callo. Adoro el metro. Cuando llego. En el pueblo donde veraneo todos nos conocemos. No sé si he hecho bien en encomendarle esta misión al Tocho. El no me ve hasta que no me cruzo en su camino.

Ya estoy listo. Nos despedimos con sendos hasta luego y yo ni siquiera cuelgo. Vuelvo la vista hacia mi hermano otra vez. Mira la tele embobado. Su mirada ya me responde. He tenido bastantes citas. A ver si vuelve ya el jirafa este. Aquí no te aburres.

Yo ni siquiera saludo. Parece como si las personas saliesen de las paredes. Abandono mi casa sin dejar que mis padres me digan que llegue pronto. Me meto en la ducha hasta terminar arrugado. Al cabo de un par de minutos. Tengo tres cuartos de hora para arreglarme. Atravieso entre la pantalla y sus ojos.

Le explico mi cita a tuertas. El Tocho accede. Mi hermano no va a acabar bien. En las taquillas de la estación de Sol se da uno cuenta de la cantidad de gente que hay en Madrid. Miro la tele. Es la cabeza que se acerca como flotando sobre el resto de las cabezas. Es morena con mechas rubias. Me dejo llevar por la multitud escaleras arriba. Me da que le quedan dos telediarios para la camisa de fuerza y el manicomio.

No sé qué hacer para matar los minutos que me quedan para salir. Ahora que lo pienso.

La chica del anden de enfrente / The Girl of the Front Sidewalk : Jorge Gómez Soto :

Parece como si le estuviesen hipnotizando. A ver: Yo me echo a un lado y me apoyo en un lateral de la cabina donde se despachan billetes. Lleva varios días raro —no creo que sea por lo de la tutora—. En la parte de arriba. Nos metemos dentro. Al triple de la velocidad a la que ando se acerca a mi estómago una pelota sólida de nervios. Justo antes de decirle qué tal. Entramos a empujones y su proximidad —estamos apretujados el uno contra el otro— me amenaza de una forma entre gozosa y terrorífica. El Tocho accede a regañadientes. El pelo le cae por ambos lados en hebras claras y oscuras.

Habría que ver a su mujer. De momento no tengo nada pensado. Al final le clavo una mirada de superioridad que no puede aguantar y se da media vuelta. Monta aquí y da pedales. Necesito beber algo ya. El taquillero sonríe con mis gestos. Tengo que decir algo. Debe de ser que la tengo escondida en mi cabeza. El caso es que me suena de algo. Yo hago lo propio y me dirijo hacia la calle.

Pero antes de dejar que diga nada. Soy el mejor. Llega en esos instantes el metro y yo me siento aliviado. Ahora mismo sólo tengo una cosa en la cabeza que me dispongo a realizar con devoción. Viva la madre que me parió. Trato de evitarlo. Lleva unos zapatos negros de tacón bajo. Hasta que no llegamos al andén de la línea amarilla —al final la llevaré a Moncloa—. Cruzo y ordeno a mis piernas que me lleven hacia el kilómetro cero. La verdad es que el Tocho se ha quedado corto. Paso junto a la cabina y me detengo. Aunque me digo que tengo que ser cauteloso. Me disculpo.

De dos viajes. Esto tiene delito. Entonces un tío. Al cabo de unos minutos llegamos a un bar distinto del de siempre. Al fin se abren las puertas en la parada de Moncloa y salimos. Llegamos al Otro Sitio y. Parece como si hubiésemos viajado en el vagón de la juventud. Voy caminando junto a una chica preciosa. Yo soy gracioso. A ver si llegamos ya.

Fuimos por aquí. Hablamos sobre tonterías mientras me bebo el primer mini: Yo he triunfado con chicas que no me han mirado a la cara e incluso me han despreciado hasta que les he largado el primer beso. Menudo apalancamiento. Cuando ataco el segundo. Íbamos a los sitios. Le respondo que no y ella se encoge de hombros y dibuja un gesto de no entender. Éste no soy yo. Ella se sienta mientras tanto en una mesa. Ya en la calle. Yolanda —mi mirada segura se da un paseo por sus pestañas pintadas de negro—.

No es que a mí me guste mucho la juerga —empezamos mal—. Empiezo a ser yo. Yolanda mira alternativamente mi cara y las consumiciones. Creo que mis amigos no tenían pensado venir. Niego con la cabeza y le informo de que estamos en la hora feliz. Que si la reconocí el miércoles pasado. Tenía los pies hinchados. Estos días te juro que… — Espera un segundo. Nada… pero… —murmura. Te sujeté. Yolanda me pide que deje el segundo litro y nos vayamos a otro sitio.

A mí me dio mucha pena. Ella se ruboriza un poco y se encoge de hombros—. Descansa un poco. Al parecer. Yo les respondí que se fueran ellos. Agarro el primer vaso. Al rato llegaron mis amigos y me dijeron: Me levanto. El caso es que yo no lo pude aguantar. No sabía muy bien lo que estaba haciendo. Yo me río. Todos empezaron a reírse y él.

Es imposible saber qué es eso. No sé si acabo de decir una tontería o una declaración con todas las de la ley. Cuando vuelvo con los dos litros en la mano ella hace un gesto como de ir a decirme algo. Tal y como ibas. Cuando devuelvo el vaso a la mesa. En una de tus filigranas de baile. Al principio es un ligero temblor a nuestros pies.

Yo rodeo su cintura y la acerco a mí. Conozco a una camarera allí. Tiene veinte tacos. En cuanto nos alejemos de la barra. Un cascote del tamaño de un coche cae junto a nosotros. Así que. La noche me abraza y la luna me sonríe. Ella finalmente me agarra una mano y me coloca la otra en el hombro. El suelo se abre. No recuerdo haber esperado.

Yolanda también es mayor que yo. Dejo el calimocho a la mitad y salimos de la mano. Cierro los ojos. Colocamos los vasos sobre una mesita de metal elevada y yo le tiendo los brazos para que se me agarre y nos echemos un baile. Entramos en La Clave y me dirijo enseguida a la barra donde trabaja Angie. Esto hay que celebrarlo. De repente. Pienso que tengo mucha suerte. Eduardo Al fin es viernes. Nos saludamos y le presento a Yolanda.


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  6. Yolanda apoya su frente en mi mejilla. Nos movemos muy despacio. Ese tipo de cosas no se dicen a una chica porque quedas como un pringado que no te crees que puedas estar con ella. Saboreo sus labios con sumo cuidado. Cuando parece que el mundo entero va a reventar. Las relaciones personales —con chicas. Me levanto y le digo que no estoy dispuesto a que me llamen superficial. Yolanda pide una naranjada y a mí ya sabe lo que ponerme. El timbre dulce e irreal de la voz de Yolanda. Los días de grabación.

    Imprevisible cien por cien. En cuanto al trabajo. Algo va a pasar. Y así pasa con todos los días. El autor habla y habla. Te conozco. De repente ve a alguien paseando por la acera. Pero cómo puede ser—. Ahora mismo. Pueden pasar tantas cosas que no doy abasto. Los días decisivos no son. Le he dado una patada a esta piedra y resulta que debajo había un trabajo. Llevo desde que me levanté con la brumosa impresión de que hoy es uno de esos pocos días decisivos que hay en la vida. Y en lo de pensar has metido la pata hasta el fondo. Se le queda mirando mientras le adelantan. Me inquieta lo que haya querido decirme con el cuento de la lechera.

    Para terminar. El autor termina su explicación—. Antes de entrar en la universidad tienes que estudiar. El protagonista de su libro es un joven que espera el futuro como si fuese algo inevitable. Bienvenida al canal de la amistad. No hay tiempo que perder. Me suena a secta o algo parecido. Mis padres me anuncian que se van a la cama a ver la tele. No me lo puedo creer.

    Me precipito sobre el teclado. Muevo el cursor con el ratón hasta la palabra amistad. Miro el reloj. No sabe qué razón tiene. Me preguntan que qué hago y les digo que navegar un poco. Pasan quince minutos de la hora a que me conecté el viernes pasado. Con todos mis respetos. Yo no podría. Ya no hacen falta nombres. Openning page. Tengo un hermano gemelo que me agobia con su sola presencia. Escribo la dirección sin necesidad del buscador.

    Las frases. Connecting site. Pero no. Web site found. Alguien que tiene demasiados problemas. Si tu excusa para no hacer nada es ésa. Entre el revoltijo de nombres no aparece el suyo. A ver. Todo se hunde irremediablemente. Al final este día tan decisivo no va a serlo ni por asomo. Mismo sitio. El programa termina.

    Tiene que ser en un lenguaje universal. Esta vez no me equivoco. Ni he ligado con Yolanda. Entramos al privado y me explica que ha llegado tarde porque tenía que acabar unos ensayos en la organización. Cada segundo que pasa. Pues bien. Aunque nunca lo he probado. Te voy a dar la razón en lo que decías antes. De vez en cuando resuelvo una discusión con un juego de palabras y ahí se molesta realmente. Yo no sabré citas de celebridades. No se lo voy a decir… al menos hoy. Segunda vez que la palabra pasmarote se cruza en mi camino esta noche.

    Me voy a terminar mosqueando. Es uno de esos amores que traspasa todo. Eres de las que te gustaría pisar constantemente una alfombra roja mientras los que te tiran flores gritan lo buena que eres con todo el mundo. Cómo cambian las cosas. Me gustaría que alguien alabase el mérito que tengo. Porque vengo cansada del instituto y de la organización.

    Lo de salir me parece un poco de borregos.

    La chica del andén de enfrente (juvenil)

    Llevamos casi dos horas hablando. Pensaría que estoy zumbado. Seguimos discutiendo. Su lógica y su pragmatismo son casi insultantes. Un fin de semana sin salir es como un huevo frito sin yema. Los minutos caen como gotas de lluvia. Qué manía con el tiempo. Ya puede ser ciega o muda o estar en una silla de ruedas o todo a la vez. Ya lo decía Rousseau: Por ahí no me pillas. Hablamos de todo un poco. Me desmonta cada razonamiento con una facilidad pasmosa.

    Déjame de vainas. Si lo que buscas es compasión. Y yo te conozco a ti. Desconecto y me quedo mirando la pantalla. Quiero hablar a corazón abierto. Te puede parecer una chorrada. Es extraño. Con eso me conformo. Destierro definitivamente la idea de que esta conversación haya sido una gran mentira. Miro el reloj del ordenador. Aquí estaré.

    Colecciones

    No tengo intención de moverme de aquí. Es lo que tiene esto de hablar sin conocerse. Vuelvo a abrir los ojos y me encuentro con el mensaje de que Utopía ha salido del canal. Pero yo no quiero empezar así. No del todo. Todo me parece distinto a cuando. Aunque pueda parecer imposible. Puede que todo sea inventado. Ni lo uno ni lo otro: Ahí va otro mío. Le respondo que sí. No es posible entender a nadie al cien por cien. Gran Angular,Alerta Roja.

    Blanda Etiquetas: Miguel y Eduardo son hermanos gemelos de diecisiete años, su enorme parecido físico contrasta con la disparidad de personalidades. Mientras Miguel vive de manera superficial su juventud, entre minis de calimocho y rollos pasajeros, Eduardo se refugia en sus escritos y en la literatura. Pues como casi todos los libros de jóvenes que estoy leyendo para recomendar a mis alumnos, me ha encantado.

    A mí también me hubiera gustado poder disfrutar de este género cuando tenía la crítica edad de la adolescencia. Os lo recomiendo. Victoria Jiménez Hola, yo tengo 14 años y me ha encantado el libro. Me identifico con Irene porque soy muy echada para alante y muy activa como ella. Besos a Jorge Gómez Soto por su trabajo, es el mejor libro que he leído en mi vida.

    Karlota María Montero García Me ha encantado el libro, es estupendo. A mí no me gustaba leer pero vi el título y me gustó así que decidí leerlo y ahora me encanta leer, por supuesto los libros que yo quiero leer porque los que me obligan o dicen que son para mi edad no me gustan. Tengo 13 años y se lo recomiendo a todo el mundo que lo pueda tener porque es precioso.